por
Pol_Vareda
@ 27/05/2008 - 17:10:18
Salida de Shopping (parte 3)
La feria, en la población que sea, siempre es un evento. La gente no sólo sale a comprar a la feria, sale de paseo. Para algunas mujeres es la única salida que tienen fuera de la casa, sin contar los viajes para llevar los niños al policlínico, o cuando tiene que ir a pagar las cuentas de agua o el teléfono. Claro está que esto es en el caso en que los niños están más o menos chicos, porque cuando crecen son ellos los que se encargan de ir a hacer la cola a Chilectra, a Emos o al Banco. Para la noble dueña de casa , el día se divide en mañana y tarde, en la mañana están los deberes de mantención del hogar, llámese arreglar la gotera, lavar los platos sucios, la ropa y preparar el almuerzo. En medio de este último se estiran las camas y se barre la calle o el patio, porque la basura pasa a las dos de la tarde y no es cosa de quedarse con las cabezas de pescado guardadas en el tacho hasta pasado mañana. Para librarse del stress de esas pesadas labores cotidianas es que existe la feria en la población. Ahí se encuentran las vecinas y las amigas, descueran a quien se puede, conversan con los ferianos y estos les juran que sus mercaderías son lo mejor que hay en la feria. Y, como es habitual, primero se hace el viaje de ida para ver donde está más barato y se vienen comprando de vuelta en los puestos donde se puso el ojo. Claro que la mayoría de las veces se ratifica la confianza en el casero de siempre, que sonriendo dice:
- ¿no le dije que no iba a encontrar mejores por este precio, caserita?
- pero si usté sabe po’s casero que le compro a usté no más.
Claro que no son las mujeres las únicas que disfrutan de la feria. Los cabros chicos van a comprar las figuritas para los álbumes, las lolitas van a demostrar que ya no arrastran la bolsa de las compras, mientras los lolos juegan a decirles piropos y a hacerse los galanes de turno. Unos van a trabajar para ganarse unos pesos y otros, como el flaco y yo, van sólo por el gusto de pasar por ahí o porque les queda en el camino.
Cuando terminamos de tomarnos el mote con huesillos nos fuimos hacia el final de la feria, rumbo a los cachureos. Ahí comienza el otro sector de compraventa. Al principio de la feria uno encuentra de todo para el hogar, desde los vegetales y comestibles, pasando por los artículos de paquetería y los puestos de ropa. El sector de los cachureos es el de los coleccionistas. Hay veces en que imagino al Dr. Frankenstein buscando las partes necesarias para su creatura en medio de los desechos de computadores, tuercas, teteras de aluminio, tapas de ruedas de autos y ruedas de bicicletas.
Pensé entonces que en este lugar uno puede encontrar de todo, desde los artículos más imprescindibles hasta los más inverosímiles. En cierta ocasión encontré un puesto donde vendían zapatillas deportivas de marca. Habían Nike, Reebok, Converse. Cuando pregunté el precio me quedé muy asombrado ya que sólo costaban $1.000 cada una.
- Dos lucas el par.- pensé.
El problema fue que no había par. El precio era mil pesos cada una porque solo vendían el pie izquierdo o el pie derecho. Todas las zapatillas estaban guachas, ninguna de ellas tenía su par. En cada caja se guardaban de a dos, ambas zurdas o ambas derechas, o en su defecto un par de distinto modelo.
Aún así el tipo me señaló que las ventas iban bien. Me explicaba que tenía su negocio desde hace un par de meses y que como es muy difícil que una persona normal sea ambidiestro, termina por reventar una zapatilla antes que la otra. Y si de alguna cosa estamos seguros es que no están los tiempos para comprarse zapatillas deportivas cuando se nos da la gana y entre gastar una luca por reponer la rota y gastar cuarenta por el par nuevo, no hay donde perderse. Total, a última hora, si se rompe el otro pie de la zapatilla en uno o dos meses más puede volver a ver si llegó por estos lados la que le falta, o si no, de todas formas, por mil pesos pudiste esperar dos meses y, en lo posible, juntar la plata para unas nuevas zapatillas. Aunque lo normal es que vuelvan y busquen unas zapatillas que se parezcan los más posible a las que tenían. Total, a eso de las dos de la tarde las justificaciones están casi de más: “que tanto, si las quiero pa’ jugar a la pelota” Lo cierto es que la moda no siempre es requisito para encontrar lo que se busca en las ferias de cachureos de la pobla. A lo mejor la próxima semana llega el pie que falta.
Algunos de los puestos resultan casi anecdóticos. Como aquel donde estaban las teteras de aluminio. Eran aproximadamente treinta teteras y estaban ordenadas en filas desde las más pequeñas hasta las más grandes, empezando por las desaparecidas teteras para preparar té de hojas hasta las imponentes y gigantes con capacidad para diez litros. En junto de ellas se encontraban las botellas. Había allí una variedad interesante. Botellas de perfumes y de licores, redondas y de cuello alargado, azules, blancas, cafés, incluso algunas en tonos lilas. En algunos casos estaban trabajadas por algún artesano inspirado que las pintaba o decoraba con cuero o masilla epóxica parsec. Yo estaba extasiado en mi contemplación, prácticamente imbuido en la presencia cristalina y delineada del paisaje que se presentaba delante de mis ojos, tanto que ni me percaté que Brandon ya no estaba conmigo. El se encontraba un par de puestos más adelante en su propia obnubilación.
Cuando llegué donde él, ya había hecho la intrigante compra. Llevaba el bulto guardado en una bolsa plástica que el feriano le había regalado. Iba muy bien envuelta, como tratando de esconderla de mí, pero al mismo tiempo estaba muy entusiasmado, casi ahogado por contarme lo que había sucedido, pero logró contener su emoción y seguimos caminando.
- Son casi las dos veinte.- le dije. Parece que la hemos hecho un poco larga.
- Pero valió la pena, negro, valió la pena.
Una vez que salimos de la feria tuvimos que atravesar un enorme y desértico sitio eriazo. En algún momento de su historia, éste fue una cancha de fútbol de tierra, pero con el tiempo ya nadie jugó ahí, debe ser porque el sol castiga a sus transeúntes con una fiereza de látigo, así que la gente del barrio no halló mejor recurso que utilizar el lugar para depositar todos los escombros y basuras que el camión recolector no se lleva, transformándolo en un extenso basural.
Estando en medio de aquella desoladora nada, mi compadre de patraña no aguantó más su impaciencia y sacó de la bolsa plástica el ominoso objeto de su angustia. Me miró de soslayo mientras lo iba desenrollando del papel que lo envolvía y soltó una risita nerviosa.
- ¿Has leído o escuchado alguna vez respecto a las historias de Las Mil y Una Noches?.- Me preguntó.
- Claro, quien no. Esa de Alí Babá.
- Pues mira lo que me encontré en la feria.
Me mostró entonces algo que parecía como una teterilla algo achatada y con una oreja redonda en el costado opuesto de su alargado pico.
- Esta es una lámpara que funciona con aceite o petróleo, como las que usaban en los tiempos de Ali Babá.- me dijo.
A mi no me pareció gran cosa. La dichosa lámpara estaba en muy malas condiciones, corroída por el óxido y manchada con una serie de elementos que me sería muy difícil precisar. Eso sí, me pareció que para estar en aquellas condiciones debía ser bastante antigua.
- Que bueno.- atiné a decir. A lo mejor bien limpia puede que sirva para mejorar tu colección de lámparas. Yo igual vi unas botellas que...- pero me interrumpí cuando Brandon se sentó en el suelo apoyado en lo que quedaba de un derruido poste de arco de fútbol y se disponía a limpiar la lámpara. En realidad, la lámpara no estaba en tan malas condiciones, con sólo restregarle un pañuelo húmedo con saliva empezó a brillar y brillar, hasta que el resplandor de aquel sol reluciente se hizo incómodo en nuestros ojos. De pronto, Brandon soltó un grito, al tiempo que la lámpara se desprendió de sus manos y éste se retiró apretando cachetes. Entonces apareció, mientras nosotros no podíamos darle credibilidad a lo que veían nuestros ojos..
- Soy el genio de esta lámpara.- exclamó. ¿Dónde es este lugar tan extraño en que me encuentro?.- señalo con acento extranjero.