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CASIRIO El Cosmonaufrago

por Pol_Vareda @ 17/07/2008 - 15:54:13

Amigas y Amigos

No hay deuda que no se pague, dice el adagio popular. Hace un rato le había prometido a algunos de ustedes que pondría a vuestradisposición la edición digital de este libro. Quienes me conocen saben de mi memoria de espantapájaros y de lo ajetreado que he estado. Pero ahora ya podrán bajar el libro directamente desde este portal. Pueden compartirlo con sus amistades mientras no se vulnere el copi.

Estaré muy contento de recibir sus comentarios. Disculpen lo rudimentario de la portada.... trataré de correjirlo en futuras publicaciones.

CASIRIO el Cosmonaufrago


 
 

Cuentos para el Sabotaje

por Pol_Vareda @ 30/05/2008 - 16:14:59

Salida de Shopping (parte final)

En realidad la conversación no fue tan breve. Luego de una pequeña lección de economía que al parecer mi compadre había leído de la Marta Hoernecker, el Genio comenzó a sentirse un poco más interesado. En algunos momentos abría los ojos casi hasta salirse de sus órbitas. Al parecer su imaginación era estrecha en relación a comprender todos los cambios que la sociedad moderna había incorporado a las relaciones de los hombres con el mundo, inclusive con el mundo de la magia. En otros momentos, el genio lanzaba sonoras carcajadas que nos hacían sentir más pequeños aún, pues su risa era tan estruendosa que no entiendo como los vecinos no salían a la calle para ver que sucedía. En algún momento, el genio comenzó a asentir con la cabeza, como encontrándole la razón a mi compandre. Yo, en ese momento comencé a respirar aliviado, deje de sudar como condenado a muerte y hasta empecé a sonreír. Pensaba en las riquezas que mi socio iba a lograr y que, por supuesto, algo me tocaría por compartir la aventura. Mínimo una moto, comencé a ensoñar, una enduro para salir a correr por los cerros del cajón del maipo. - Huy, si no es malo-, pensé, sacando cuentas alegres.

De repente, el genio hizo unos gestos un tanto extraños. Yo los encontré medio amariconados, con tanta parafernalia y movimientos de brazos al cielo, parecía una bailarina de toples, o de esas odaliscas árabes. Cuando terminó, dio una tremenda risotada y dijo.

- Ya está hecho. Se va a demorar un poquito, pero ya está hecho.
- Espero que con eso alcance para tu venganza, genio.
- Ja, ja, ¿la mía o la tuya? Mortal.
- A lo mejor alcanza para los dos
- Bueno, Salvaste tu vida y la de tu amigo. Después de todo lo que me contaste creo que me quedaré un poco más por estos lados de la realidad. Quiero reírme un poco más de estos ingenuos mortales. Quizás nos volvamos a ver, aunque no creo que eso sea muy bueno para ustedes.
- Ya lo veremos genio, dijo Brandon.
- Si, manda fruta. Dije yo.

Al irse el genio pude darme cuenta de que reía con muchas ganas, parecía como si fuese agarrándose la guata de tanto reírse, pero no pude entender que era lo que tanta risa le causaba hasta que el Brandón me contó lo que le había pedido al genio.

- Pero como se te ocurrió pedirle eso- dije algo molesto- Podías haberle dicho que nosostros nos encargaríamos de su venganza. Que nos diera poder, que nos hiciera alcalde, o nos hiciera multimillonarios, o que nos diera algún superpoder como el toque de Midas, por ejemplo.
- Déjate de hablar tonteras. El genio nos quería con papas fritas ¿no te diste cuenta?
- Si pero teníamos controlada la situación
- claro, como cuando le pediste que te convirtiera en rey
- claro, ese es un buen ejemplo.
- si, seguro, mejor vamos a la movida. ¿Falta mucho pa’ llegar?.
- No, ya estamos cerca.

La conversación siguió todo el camino. Que la culpa fue tuya, que yo habría hecho esto otro. Pero lo hecho está hecho, no hay vuelta que darle. Además, una hora más tarde no sabemos si lo que había pasado era producto de la imaginación, de intoxicación con huesillos alucinógenos o de una insolación mal tratada. De algo estamos seguros, nadie nos va a creer lo que nos ha pasado. Nosotros mismos no le damos mucho crédito a lo sucedido. Y a esas alturas, con todo el THC que llevamos en la sangre, somos más candidatos a la hospitalización psiquiátrica que a la credibilidad pública. Pero no importa, ¿que daño puede hacer que le hallamos pedido al genio que le borrara a todo el mundo de la memoria lo que significa el dinero? Es casi un chiste. No alcanza ni siquiera para una buena historia de carrete. Esas cosas no se le olvidan a la gente. Sobretodo si el mundo entero vive pendiente de él. De si me compro esto, de si me alcanza para pagar las deudas, de las inversiones en la bolsa, de cual será el mejor negocio para este año. Si uno lo piensa bien es hasta chistoso, algo demente. Así que seguimos caminado rumbo a la picá. Esta vez sin pacos, porque esta es la hora en que los perlas duermen la siesta. La puerta la abrió la mismísima Soa Julia, la que nos hizo pasar con su habitual cara de charchazo.

- Tengo pasturri, merca, prensao y unos cogollos sin semillas que me llegaron hace poco.
- Tiene verde, que buena- dijo el flaco
- buena, perece que vamos a connotar con los verdecillos. Yo creo que con diez lucas de verde estamos bien cada uno.
- Tenís razón. ¿Tiene que nos convide o que nos venda unos papelillos, agüeli.?
- Como que diez lucas cada uno, dijo la doña.
- Ah! Perdone mamita, no sabía que estaba vendiendo caletas más grandes.- dije
- Nos llevamos una de veinte no más entonces. Dijo Brandon
- Cierto, por todo lo que hemos caminado igual vale la pena.

Todo parecía normal, excepto que la doña nos seguía mirando con cara de pregunta y cada vez más colorada, como si toda la sangre se le fuera a la cabeza. Eso no se veía nada de bien, pero nosotros no entendimos nada.

- Me quieren agarrar pal güeveo, cabros de mierda. Que no saben quien soy.
- Pero claro que sabemos pos mamita, si usted me conoce de chiquitito.- le dije.
- Claro que te conozco pos mocoso. Por lo mismo, deja de hacerte el vivo y veamos que trajiste.
- Traje plata pos mamita.- Entonces le muestro los billetes que habíamos juntado con los cabros. La vieja los agarra y los mira sin entender nada.
- Y que querís que haga yo con estos papeles, ah?, que me abanique? Entonces me tira los papeles por la cara. El flaco ya estaba buscando la puerta más cercana para salir arrancando cuando, de repente…

- Mira como te hacis el leso. Está bien bonito tu reloj. Y tú flaco, me gustó el cinturón que andai trayendo. La pulsera también se ve bien buena, agréguenle las zapatillas y estamos listos
- Pero mamita, nos va a mandar a pata pelá, ¡con este tremendo sol!.- le dije.
- Como se te ocurre oye, te voy a pasar unas jawallanas pa’ ti y pa’ tu amigo. Ya, y les voy a dar un paquete de smoking.

Al salir de la casa el ambiente era mucho más amistoso. Al parecer todo ha sido un malentendido. Después de fumarnos el correspondiente suto con los hijos de la doña nos vamos a preparar para el carrete nocturno, después de todo lo caminado la transpiración estaba dejando sus huellas en el ambiente. Nos invitan a volver pronto y que para la próxima llevemos unas zapatillas número 43. Ya en la calle, de nuevo nos recordamos del genio de la lámpara. El episodio estaba cada vez más nebuloso, producto de los cogollos o de la mala memoria, que se yo a estas alturas. No obstante, igual volvió a la conversación

- Ya, confiesa.- Le dije al flaco
- Que onda.
- Tuviste que chuplicar, cierto.
- ja, ja, ja. Putas que sos mal hablado. Te salvo de un genio loco y me salís con esa.
- Ya pos loco, dime la dura, cual fue el arreglo. Nos vamos a ir a medias supongo.
- Pero si no hay nada que repartir. Yo me acuerdo que le pedí algo, pero ya no cacho.
- Te estai puro salvando flaco.
- No pasa na’ loco. Igual a ti te pasó la mansa tallita con la jaiva.- dijo el flaco.
- Igual, que brígido. Yo pensé que a la vieja se le había corrido una teja.
- Es que hay que ser muy longi pa’ tranzar con esos papeles, como dijiste que se llamaban.
- Los papeles… smoking.
- No, güeón. Los papeles verdes que le estabai pasando.
- En realidad güeon, no cacho. La estaba puro cagando. Ni se porque se me ocurrió la güevá.
- Bueno, lo importante es que nos vamos con la misión cumplida.
- Si po’. Misión cumplida, brother.

***

Cuentos para el Sabotaje

por Pol_Vareda @ 28/05/2008 - 13:28:45

Salida de Shopping (parte 4)

Brandon y yo nos quedamos pasmados, ambos de una sola pieza, sin saber que hacer, sin saber que decir, contemplando aquella figura vaporosa que se consolidaba poco a poco frente a nuestros ojos.

- Estás en San Ramón... Santiago... Chile... Planeta tierra... y ¿tú eres...?
- Soy Abdul Rajha Shik Amann Seridum, genio de esta lámpara. Ustedes me han liberado.- dijo. La verdad es que he esperado tanto tiempo que alguien me saque de aquí, que en realidad más que agradecido estoy terriblemente furioso, así que lo mejor será que los dejé ahí mismo donde están convertidos en piedras y me vaya a unas merecidas vacaciones.

El Genio se encontraba preparando su conjuro cuando comprendí que al parecer no se trataba de un sueño. En un segundo recordé todo lo que había hecho durante el día, lo que es muy poco habitual lograr cuando me encuentro soñando, así que si había que tener una reacción tenía que ser ahora o no ser.

- Oye, oye. Espera, espera, espera.- fueron mis no muy inteligentes, rápidas y nerviosas palabras. ¡¿Así nos vas a pagar por haberte liberado?! ¡Qué mal agradecido eres!
- Si me hubiesen liberado hace dos mil años los hubiese premiado abundantemente. Me hubiese convertido en esclavo para servirles durante toda la vida. Pero hoy, ya es demasiado tarde.
- Pero, ¡dos mil años es mucho tiempo! No sabes como han cambiado las cosas durante estos últimos dos mil años.- Dijo Brandon.
- ¡Ya vamos a seguir con la clase de historia!- le dije. ¿No sería mejor tratar de engrupir al genio para que no nos fune la existencia?
- Me había olvidado que ustedes los mortales tienen una vida mucho más corta que la de los genios. Pero aún así, no puedo darme el lujo de dejar mi ira sin venganza. Quizás si me hubieras liberado hace mil años te hubiese concedido tres deseos, pero hoy, sólo la venganza me redime.
- Pero nosotros no fuimos los que te encerramos
- Pero fueron mortales como tú quienes se burlaron de mí y me encerraron en aquella lámpara. Así que ya basta, acepten con dignidad su castigo ya que con ello salvarán a todos los de su especie, pues consolaré mi furia sólo con vuestro padecimiento y no con el de toda la humanidad. Después de ello me iré, regresaré a la dimensión de la magia a la que pertenezco y nunca volveré a poner un pie en este mundo de hombres y sus fechorías.
- Pero, ¿no te parece injusto? Yo no quiero cargar con una culpa que no me pertenece, ni siquiera si fuese para salvar a toda la humanidad.- dijo Brandon.
- Yo tampoco.- añadí.
- Porque mejor no llevar a cabo tu venganza contra todos los hombres si es con todos ellos tu resentimiento.
- Sí, convierte a todos los otros en piedras y.....- un codazo de Brandon me hizo sentir que el comentario había sido bastante estúpido, lo suficiente para que me quedase callado, así que me callé.
- En que estás pensando mortal. ¿Es que para salvarte entregarías a toda tu especie?
- Depende desde donde lo mires genio.
- Y que pretendes. ¡Habla!
- Concédeme un deseo, sólo un deseo y te lo explicaré.

El Genio pareció dudar durante un instante. Al parecer, dos mil años de cautiverio dentro de una estrecha lámpara es suficiente tiempo como para que hasta el genio más simpático se ponga desconfiado.

- Era eso. Ya se ve que eres bastante inteligente. Creíste que un deseo antes de morir te podía salvar de mi venganza. Pues no te equivoques, no hay salida para ti.
- Es una lastima, porque tú no sabes lo que yo sé.
- Y que puede saber una criatura tan insignificante como tú.
- Puede ser que tu tengas más de dos mil años, pero no has vivido los últimos veinte. Es por eso que no sabes que es lo que más le duele a los hombres. No sabes como es la vida hoy en día.
- No te preocupes, conozco muchas técnicas para producir dolor. Si lo deseara, tú serías el primero en comprobarlo.- dijo el genio.
- Sí, se ve que tienes el poder de hacerlo, que tienes fuerza y hasta poderes mágicos, me imagino que si puedes convertirnos en estatuas de sal a nosotros puedes hacer algo un poco más complicado.
- Si quisiera podría convertir a todos los hombres en estatuas de sal.- replicó el genio
- Pero eso no sería muy inteligente. ¿Quién quedaría como testigo de tu poder? No habría nadie para testificar tu grandeza, genio. Si yo fuese tú, haría algo que alterase la vida de los hombres sin que ellos se dieran cuenta. Destruiría su cotidiano. Los hombres son animales de costumbres, construyen enormes estructuras en las cuales se cobijan para darle sentido a sus existencias. Altera aquello en su punto más sensible y tendrás todos los días del resto del mundo para reírte de aquellos que una vez se burlaron de ti.
- Y supongo que Ustedes me dirían cómo hacerlo. Pero ¿que ganarían ustedes?
- Nada genio. Sólo tienes que convertirnos en reyes del mundo y ya verás como nos desquitamos por tí.-Dije sin pensar demasiado.
- Nada de eso genio. No le hagas caso a este bruto.- dijo Brandon, y luego añadió.en voz baja -mejor déjame hablar a mí agüeonado- Nosotros quedaremos contentos con que nos dejes seguir viviendo. La vida de los hombres es corta, no queremos que se acorte más de la cuenta. Eso es todo.
- Está bien, te escucho, pero se breve.

Cuentos Para el Sabotaje

por Pol_Vareda @ 27/05/2008 - 17:10:18

Salida de Shopping (parte 3)

La feria, en la población que sea, siempre es un evento. La gente no sólo sale a comprar a la feria, sale de paseo. Para algunas mujeres es la única salida que tienen fuera de la casa, sin contar los viajes para llevar los niños al policlínico, o cuando tiene que ir a pagar las cuentas de agua o el teléfono. Claro está que esto es en el caso en que los niños están más o menos chicos, porque cuando crecen son ellos los que se encargan de ir a hacer la cola a Chilectra, a Emos o al Banco. Para la noble dueña de casa , el día se divide en mañana y tarde, en la mañana están los deberes de mantención del hogar, llámese arreglar la gotera, lavar los platos sucios, la ropa y preparar el almuerzo. En medio de este último se estiran las camas y se barre la calle o el patio, porque la basura pasa a las dos de la tarde y no es cosa de quedarse con las cabezas de pescado guardadas en el tacho hasta pasado mañana. Para librarse del stress de esas pesadas labores cotidianas es que existe la feria en la población. Ahí se encuentran las vecinas y las amigas, descueran a quien se puede, conversan con los ferianos y estos les juran que sus mercaderías son lo mejor que hay en la feria. Y, como es habitual, primero se hace el viaje de ida para ver donde está más barato y se vienen comprando de vuelta en los puestos donde se puso el ojo. Claro que la mayoría de las veces se ratifica la confianza en el casero de siempre, que sonriendo dice:
- ¿no le dije que no iba a encontrar mejores por este precio, caserita?
- pero si usté sabe po’s casero que le compro a usté no más.

Claro que no son las mujeres las únicas que disfrutan de la feria. Los cabros chicos van a comprar las figuritas para los álbumes, las lolitas van a demostrar que ya no arrastran la bolsa de las compras, mientras los lolos juegan a decirles piropos y a hacerse los galanes de turno. Unos van a trabajar para ganarse unos pesos y otros, como el flaco y yo, van sólo por el gusto de pasar por ahí o porque les queda en el camino.

Cuando terminamos de tomarnos el mote con huesillos nos fuimos hacia el final de la feria, rumbo a los cachureos. Ahí comienza el otro sector de compraventa. Al principio de la feria uno encuentra de todo para el hogar, desde los vegetales y comestibles, pasando por los artículos de paquetería y los puestos de ropa. El sector de los cachureos es el de los coleccionistas. Hay veces en que imagino al Dr. Frankenstein buscando las partes necesarias para su creatura en medio de los desechos de computadores, tuercas, teteras de aluminio, tapas de ruedas de autos y ruedas de bicicletas.

Pensé entonces que en este lugar uno puede encontrar de todo, desde los artículos más imprescindibles hasta los más inverosímiles. En cierta ocasión encontré un puesto donde vendían zapatillas deportivas de marca. Habían Nike, Reebok, Converse. Cuando pregunté el precio me quedé muy asombrado ya que sólo costaban $1.000 cada una.

- Dos lucas el par.- pensé.

El problema fue que no había par. El precio era mil pesos cada una porque solo vendían el pie izquierdo o el pie derecho. Todas las zapatillas estaban guachas, ninguna de ellas tenía su par. En cada caja se guardaban de a dos, ambas zurdas o ambas derechas, o en su defecto un par de distinto modelo.

Aún así el tipo me señaló que las ventas iban bien. Me explicaba que tenía su negocio desde hace un par de meses y que como es muy difícil que una persona normal sea ambidiestro, termina por reventar una zapatilla antes que la otra. Y si de alguna cosa estamos seguros es que no están los tiempos para comprarse zapatillas deportivas cuando se nos da la gana y entre gastar una luca por reponer la rota y gastar cuarenta por el par nuevo, no hay donde perderse. Total, a última hora, si se rompe el otro pie de la zapatilla en uno o dos meses más puede volver a ver si llegó por estos lados la que le falta, o si no, de todas formas, por mil pesos pudiste esperar dos meses y, en lo posible, juntar la plata para unas nuevas zapatillas. Aunque lo normal es que vuelvan y busquen unas zapatillas que se parezcan los más posible a las que tenían. Total, a eso de las dos de la tarde las justificaciones están casi de más: “que tanto, si las quiero pa’ jugar a la pelota” Lo cierto es que la moda no siempre es requisito para encontrar lo que se busca en las ferias de cachureos de la pobla. A lo mejor la próxima semana llega el pie que falta.

Algunos de los puestos resultan casi anecdóticos. Como aquel donde estaban las teteras de aluminio. Eran aproximadamente treinta teteras y estaban ordenadas en filas desde las más pequeñas hasta las más grandes, empezando por las desaparecidas teteras para preparar té de hojas hasta las imponentes y gigantes con capacidad para diez litros. En junto de ellas se encontraban las botellas. Había allí una variedad interesante. Botellas de perfumes y de licores, redondas y de cuello alargado, azules, blancas, cafés, incluso algunas en tonos lilas. En algunos casos estaban trabajadas por algún artesano inspirado que las pintaba o decoraba con cuero o masilla epóxica parsec. Yo estaba extasiado en mi contemplación, prácticamente imbuido en la presencia cristalina y delineada del paisaje que se presentaba delante de mis ojos, tanto que ni me percaté que Brandon ya no estaba conmigo. El se encontraba un par de puestos más adelante en su propia obnubilación.

Cuando llegué donde él, ya había hecho la intrigante compra. Llevaba el bulto guardado en una bolsa plástica que el feriano le había regalado. Iba muy bien envuelta, como tratando de esconderla de mí, pero al mismo tiempo estaba muy entusiasmado, casi ahogado por contarme lo que había sucedido, pero logró contener su emoción y seguimos caminando.

- Son casi las dos veinte.- le dije. Parece que la hemos hecho un poco larga.
- Pero valió la pena, negro, valió la pena.

Una vez que salimos de la feria tuvimos que atravesar un enorme y desértico sitio eriazo. En algún momento de su historia, éste fue una cancha de fútbol de tierra, pero con el tiempo ya nadie jugó ahí, debe ser porque el sol castiga a sus transeúntes con una fiereza de látigo, así que la gente del barrio no halló mejor recurso que utilizar el lugar para depositar todos los escombros y basuras que el camión recolector no se lleva, transformándolo en un extenso basural.

Estando en medio de aquella desoladora nada, mi compadre de patraña no aguantó más su impaciencia y sacó de la bolsa plástica el ominoso objeto de su angustia. Me miró de soslayo mientras lo iba desenrollando del papel que lo envolvía y soltó una risita nerviosa.

- ¿Has leído o escuchado alguna vez respecto a las historias de Las Mil y Una Noches?.- Me preguntó.
- Claro, quien no. Esa de Alí Babá.
- Pues mira lo que me encontré en la feria.

Me mostró entonces algo que parecía como una teterilla algo achatada y con una oreja redonda en el costado opuesto de su alargado pico.

- Esta es una lámpara que funciona con aceite o petróleo, como las que usaban en los tiempos de Ali Babá.- me dijo.

A mi no me pareció gran cosa. La dichosa lámpara estaba en muy malas condiciones, corroída por el óxido y manchada con una serie de elementos que me sería muy difícil precisar. Eso sí, me pareció que para estar en aquellas condiciones debía ser bastante antigua.

- Que bueno.- atiné a decir. A lo mejor bien limpia puede que sirva para mejorar tu colección de lámparas. Yo igual vi unas botellas que...- pero me interrumpí cuando Brandon se sentó en el suelo apoyado en lo que quedaba de un derruido poste de arco de fútbol y se disponía a limpiar la lámpara. En realidad, la lámpara no estaba en tan malas condiciones, con sólo restregarle un pañuelo húmedo con saliva empezó a brillar y brillar, hasta que el resplandor de aquel sol reluciente se hizo incómodo en nuestros ojos. De pronto, Brandon soltó un grito, al tiempo que la lámpara se desprendió de sus manos y éste se retiró apretando cachetes. Entonces apareció, mientras nosotros no podíamos darle credibilidad a lo que veían nuestros ojos..

- Soy el genio de esta lámpara.- exclamó. ¿Dónde es este lugar tan extraño en que me encuentro?.- señalo con acento extranjero.

Cuentos para el Sabotaje

por Pol_Vareda @ 23/05/2008 - 11:28:11

Salida de Shopping (parte 2)

Hacía rato que el calor nos llevaba chatos. Esto motivó que la conversación tuviese un cambio radical.  En medio de un análisis de la situación  nos dimos cuenta de que siempre era la misma cuestión.  Para comprar marihuana había que caminar cuadras y cuadras desde que se funó la movida donde la Silvia.  Lo mismo ocurría cuando era muy de noche y se acababa el tinto, otra vez a caminar.  Y que decir de los carretes que quedan fuera de la pobla:  Ir en micro se hace terrible complicado para la vuelta.  En taxi no se hace porque es muy caro y nadie tiene un auto para andar acarreando la tropa. 
-  Esto de no tener plata.- dije.
-  Y pa’ qué querís plata, si ese es el problema.- me dijo Brandon.
-  ¿Cómo?  El problema es que la plata la tienen unos pocos, pero no vamos a decir que no saca de apuros.- dije.-  Pero ¿quién tiene la plata? ¡La tienen los güeones que la inventaron! los que siempre han tenido de sobra.  Claro que antes tenían tierras y animales de sobra.  Ahora tienen tierras, animales y plata.  Si la plata la inventaron estos güeones pa’ terminar de quitarles lo poco o nada que tienen los pobres.
- Cha, como tanto compadre.- dije, medio aturdido con tanta dialéctica.
-  Si es cierto po’s loco.  Si los locos ahora hasta te venden la plata, pero te la venden más cara de lo que vale, o no veí’ cuanta gente está encalillá’ en las financieras.
-  Si, ah. Es la dura no más, parece.
-  Y más encima, cuando te ven con la soga al cuello, los caradura te dan crédito.- me dijo con un gesto grandilocuente.
-  La media onda.- le decía yo, un poco incómodo por la vehemencia de sus palabras y por la sed que me partía la garganta.
-  Te dai’ cuenta.  Si el problema no es que no tengamos plata.  El verdadero problema es que la plata existe, que está en la cabeza de las personas, que la gente hasta sueña qué es lo que haría si tuviese plata.  O dime que tú nunca has pensado en que haríai si te ganarai el Kino solito.
-  Sííí, yo me iría a vivir al sur.- le dije, por decir algo, a lo que el flaco me respondió con una mirada que traducida al español me decía “de qué me estai hablando”.
-  Claro.  Otra gente dice que arreglaría su casa y le daría plata a toda su familia para que a ninguno le falte.  Esos locos quieren tener plata, pero tienen sus valores familiares.  Otra gente que conozco gastaría la mitad de la plata del premio en arreglar los peladeros y basurales de la población pa’ transformarlos en placitas donde jueguen los niños y fumen pitos los volaos.
-  Que no es mala idea.- dije.-  Esos locos quieren tener plata, pero tienen su conciencia social también.  Pero también están los otros, los canallas, los que de explotados se transforman al tiro en explotadores.  Los que se ganan el premio y depositan al tiro la mitad en el banco pa’ que gane intereses a noventa días y, con la otra mitad, pone un tremendo minimarket en la pobla.  Según él, así genera empleo pa’ los cabros, claro que paga el mínimo.  Más encima compra cuando le llevan un video, una tele o alguna cosita pal menudeo.  Y no sé si hay otro tipo de “afortunados ganadores”.  Pero al final compadre, al final a todos les comienza a carcomer el mismo bicho, todos quieren tener más plata.  Al tiempo ya se han olvidado de los valores familiares y la conciencia social.  Se terminan aburriendo de que todos los días lleguen los primos, los tíos, los tatarasobrinos en cuarto grado, mientras el árbol genealógico se degenera y redegenera con cada nueva aparición.  O se aburren de que cuando van a sus plazas no encuentran una banquita desocupada y de que los juegos infantiles duran hasta que los niños los ocuparon  durante una semana y que, más encima, nadie los saluda cuando salen a pasear con sus niños, más que los pasturria de la esquina, que de paso siempre le sacan su moneda del bolsillo.  Y no es que le metan la mano ellos mismos,  pero como apelan a que él fue el suertudo que se ganó el Kino solito ¡Cómo no le va a sobrar una monedita!  Ahí es cuando el loco se da cuenta de que la pobla ya no es ese sitio agradable donde él había nacido y decide mudarse para vivir en una villa donde las casas no sean pareadas y que los vecinos saluden con una sonrisa en el rostro, pero que no se metan más que en sus propios asuntos.Si, hermano.- me dijo Brandon, en tono de síntesis.  El problema es que en la mente de las personas no hay, como antes, preocupación por el sexo, o por cuidar un huerto.  La gente tiene tatuado en su cerebro el signo peso.
- En realidad, antes estaba ese tatuaje en las micros en que aparecía un viejo pelao y de barba que tenía una mina en pelotas en la cabeza.- le dije.- ‘Que hay en la mente del hombre’ parece que decía. 

A la altura de las plazas y el  minimarket, yo ya no estaba poniendo la más mínima atención a lo que decía el flaco.  Más bien iba pensando en que a la vuelta de la esquina estaba la feria y que el mote con huesillos se aproximaba a cada paso un poco más.  Esta sola idea refrescó mi garganta por un rato y me dio la energía necesaria para apurar el paso y llegar lo más pronto posible.
 -  Su majestad, sírvame dos vasos gigantes y heladitos, plis.- le dije a don Juanito, miembro perpetuo de la realeza del mote con huesillos, a lo que me respondió con su voz de tarro con piedras (o con cuescos de huesillos)-  Ya voy ya. 

El mote con huesillos duró menos que aguinaldo de jubilado.  Pero había cumplido con su función y la sed ahora se convertía en un recuerdo paliducho.  Lo que no se nos había olvidado era que íbamos a comprar marihuana.  Así que nos pusimos en marcha por en medio de la feria.

Cuentos para el Sabotaje

por Pol_Vareda @ 22/05/2008 - 16:29:25

AMIGAS Y AMIGOS... Como están? Lamento haberme alejado tanto tiempo de este portal, mis disculpas con tod@s. Ahora ya estoy de vuelta, y he querido retomar con este cuento, para seguir luego con la Historia del Mago Loco, porque a ese le estoy haciendo una cirugía mayor. Espero que les guste esta salida de shopping de un par de cabros de la pobla en busca de... Les pido también un poco de paciencia, porque la historia no va de una, sino en un par de partes. Prometo no demorarme con la continuación. No más lateo... ahi les va.

CUENTOS PARA EL SABOTAJE

1.- Salida de Shopping

Hay múltiples formas de entender la historia. Todo depende del ojo del observador y del color del cristal con el que se mire, como dice una vieja canción en ritmo de salsa. Vemos lo que queremos ver, descubrimos las apariencias de lo cotidiano y las elevamos a planos que se escabullen a nuestra comprensión, sobretodo cuando uno no es un intelectual de esos que asocian factores y relacionan variables dinámicas para entender fenómenos sociales. Sí, sociales; porque el relato que voy a contarles no tiene que ver con otro tipo de “fenómenos” que no sean los sociales, aunque yo no sea un intelectual, ni lo que les voy a contar sean variables de ningún tipo, sólo es una historia, vista desde mi punto de vista, a través del café cristal de mis ojos.

Muy poca gente se ha puesto ha pensar en lo que ha sucedido y menos gente aún ha logrado atar los cabos de los eventos que provocaron tan descalabroso fin de nuestra forma de vida. Incluso yo, me considero un simple espectador casual de un acontecimiento que hasta el día de hoy me parece nebuloso, pero que relataré a continuación a fin de que el lector pueda hacerse una mejor idea de lo que ha pasado y saque sus propias conclusiones.

A Alexander Brandon lo conocí una de las tantas tardes en que me dirigía a comprar unos paquetes de marihuana. Era jueves. El viernes y el sábado prometía un festival de marihuana y no iba a ser cosa que nos quedáramos cortos, así que decidí llamar al Eiton para juntar unos pesos entre ambos y hacer-la-cortita. Nos quedamos de juntar en la esquina de siempre a eso de la una de la tarde. Como no me gusta llegar tarde me apuré un poco y estuve en la esquina a las doce treinta. Al rato llegaron los dos muchachos.
- ¿Qué pasa Maradona? -Les grité cuando venían a un par de metros.
- ¿Cómo que Maradona? -Preguntó Eiton. Y yo le tuve que explicar que era porque Maradona jugaba con la camiseta número 10, que era lo que parecían ambos locos juntos. Claro, Eiton está bastante gordo como para parecer un cero al lado del flaco alto que lo acompañaba, que bien podría ser el número uno.
- ¿Andai chistosito.- me dijo Eiton.- Parece que ya empezaste a ponerle bueno.
- De dónde,- Le dije.- Si es la pura picardía del chileno.
Claro que al flaco no le pareció muy gracioso que lo vacilaran de entrada, pero después del saludo todo quedó ahí, en la bruma del pantano de la tarde.

Al rato, luego de las presentaciones: Que el flaco es mi vecino y que es buena onda y que lo conozco hace caleta de años y que soy amigo de su hermana... El Eiton salió con que no me iba a poder salir de shopping porque tenía que terminar unos arreglos en su casa, pero que igual tenía unas monedas y que el flaco tenía ganas de conocer donde quedaba la movida.

Nos fuimos a eso de la una y cuarto. La caminata prometía ser larga, así que para amenizarla un poco nos fuimos conversando por el camino: Que vivo en San Ramón, que mis viejos tienen unos puestos en la feria y que me gusta ir a pasear por los puestos de cachureos, me dijo Brandon. La conversación había sido trivial hasta este punto, ya que a mí también me gusta ir a cachurear a la feria, así que comenzamos a profundizar en el tema.

- Mi hermano.- le dije.- tiene una colección de botellas de vidrio que se las ha ido comprando de a poco en los cachureos.
- Que buena onda.- dijo Brandon.- Yo igual tengo algunas que a lo mejor tu hermano no tiene. En la casa están tiradas en un cuarto que no entra nadie. De repente, si al loco le interesa, podrían ir un día de estos a verlas.
- Buena idea. Y podríamos aprovechar de fumarnos uno.- le dije.
- Seguro. Y aprovecho de mostrarte la colección de candelabros y lámparas que tengo en mi casa.- dijo Brandon.

Después de veinte minutos caminando nos había empezado a dar sed. Lo bueno era que ya íbamos llegando, pero la situación se puso brígida cuando llegamos a la picá y nos dijeron:
- Caminen derechito no má’ cabro, miren que andan los pacos haciendo la recogía.
Así que seguimos caminando, tratando de hacernos los desentendidos. Al llegar a la esquina justo se nos cruza la zapatilla en el camino y pasa despacito al lado nuestro. Claro que, como no llevábamos nada, la cuestión quedó más bien en una paranoia disimulada que no pasó a mayores. Los pacos siguieron su camino y nosotros nos sentamos en el banquillo de una plaza a discutir la situación.

- Putas que me dio sed con el susto.- le dije
- Y más encima no pasó na’ con la movida. Quedamos terrible tirados.- dijo Brandon.
- No pasa na’ hermanito.- le dije, asociando que Eiton algo había dicho acerca de que la hermana estaba rica. Yo sé donde podemos mover la cosa. Claro que vamos a tener que caminar un poco más. La buena noticia es que hay una feria que nos queda en el camino. Ahí podríamos tomarnos un mote con huesillos pa’ la sed y, de repente, cachureamos un poco.

FÁBULAS DEL JARDIN DE LA MAGIA Y LA LOCURA

por Pol_Vareda @ 27/02/2008 - 15:46:08

I. El Mago Loco en el Jardín de las Sombras.

Cuando el Artesano de los Jardines fue enviado a ponerle color a las flores, intencionalmente olvidó el negro en el cuarto de las pinturas. “Yo tengo un pacto con los arcoiris” pensó mientras silbaba. “Además, que bicho querría posar sus patas en tal flor para polinizarla, el negro no es color para una flor”.

Pasaba por aquel lugar en ese momento, un duende que se divertía escuchando los pensamientos de los demás. Casi por casualidad escuchó al Artesano en su pensar y pensó para si mismo:

-“Qué pensamiento tan interesante. ¿Por qué las flores no han de tener el color que ellas deseen, aunque éste sea el mismísimo negro? ¿y quién dice que alguien más, alguna vez, pueda necesitar una flor de color tan despreciado? ¿acaso no sería única esa flor? Me parece que ésta es una misión para el Mago Loco.

En ese mismo instante, luego de un abrir y cerrar de ojos, se encontró en la taberna donde el Mago Loco solía ir a beber algo de vino mientras desvariaba sus locuras y mezcolajes mágicos.

Al llegar al bar, “Los Mañana me Chanto” estaban tocando las cuecas bravas de siempre, mientras la mayoría de los parroquianos zapateaba y movía los pañuelosenvalentonados por el ritmo. El Mago se encontraba en una mesa al fondo, sentado solo, tomándose un chichón que es la especialidad de la casa. En el plato se veían los vestigios de lo que en algún momento fue un pernil con papas y un pocillo de pebre.

Definitivamente no era nada fácil conversar con el Mago. Casi siempre se encontraba borracho y poca gente entendía lo que hablaba, hasta que se ponía a recitar. Putas que recitaba bonito el hombre, pero para la mayoría de los habitantes del Jardín de la Magia y la Locura sus palabras no eran más que incoherencias.

“Ya van a ver cuando el ojo de la luna se pose en el ojo de la amada
la noche será entonces apenas un parpadeo
y la locura llegará disfrazada de danza
al son del nacimiento de la aurora
Ya verán cuando el ojo de la luna se pose en el ojo de la amada
y los trenes abandonen los rieles y las líneas férreas
para vivir en el bosque
sin rumbo fijo.”

La mejor forma de acercarse a él era invitándole un trago y compartir su gusto por la poesía. Pero aquel duende no en vano se llamaba TEGUE-KALATEGUE, que en lengua nativa significa el fabulador confabulador. Así que se compró una botella de pipeño de Quillón y empezó a recitar junto con el Mago:

Mago: ¿Qué será de la luna cuando el ojo de la amada se quede ciego y sus miradas se extravíen y desencuentren como el común de las estrellas?

Tegue kalategue: Entonces la melancolía coronará su brillo y su transito errático.
Mago: mientras aquella mirada que fue mía se consume en otros ojos, en otros rumbos, en otros cuerpos
Tegue kalategue: y se abandona al placer del vértigo

Mago: Las flores se quedarán mudas en las sombras
Tegue kalategue: y el jardín cuidará su silencio colorido
Mago: cubriendo los aromas con calor y color.

Tegue kalategue: Una lluvia de color cae con el sol sobre sus pétalos
Mago: Los espectros de la noche se pasean por el jardín. Y capturan esa ternura bajo mantos de niebla oscura.

Tegue kalategue: Y aunque ésta dure sólo un segundo,
Mago: quizás hasta que el rocío o la lluvia desvanezca sus suspiros.
Tegue kalategue: guardarán en su interior el llamado de la alquimia.
Mago: y serán agua en el páramo desolado
Tegue kalategue: claridad ante la locura.
Mago. Y sonrisa ante la melancolía.

Luego de un par de pipeños y de conversaciones varias, el remolino de ideas en su cabeza comenzó a tomar forma. después de todo, la locura que le planteaba el duende tenía sentido y el toque de ironía suficiente como para convencerlo. El mago loco estuvo de acuerdo. Esa noche, cuando el Artesano de los Jardines se había marchado luego de terminar su tarea, el Mago loco entró en puntillas, vio que nadie había en los alrededores y con una brocha gorda empezó a pintar las flores de mayor tamaño: Un enorme girasol que iluminaba la noche del jardín comenzó a eclipsarse en el cielo hasta cubrirse de ensueño. Los pétalos de las rosas los pintó con un pincel más fino para no dañar el orgullo de sus espinas. Las azucenas y los lirios prefirió pintarlas con un beso. Cubrió sus labios con pintura y tiernamente su lengua navegó onduladamente sobre el aroma de las flores. Claro que todo esto era una locura y como tal, sólo permanecería mientras se realizara el conjuro. Fue por este motivo que el Mago sólo utilizó acuarelas, asegurándose que su ilusión durara sólo hasta que la primera lluvia borrara la melancolía del rostro colorido del jardín. Sólo un clavel fue la excepción, no sabría decir si fue por egocentrismo, por vanidad o por entusiasmo. Lo cierto es que los pétalos del clavel los pintó uno a uno con una delicada capa de tinta negra oscura que había preparado especialmente para que nunca se diluyera y además protegiera a la flor por mucho tiempo. Este momento fue el éxtasis de la noche y de su locura. Sin embargo, este trabajo le demoró gran parte del tiempo y un poco antes del amanecer, cuando la luna se iba a dormir al otro lado del jardín, el sueño lo venció y durmió junto a las flores.

Al despuntar la mañana el Artesano de los Jardines fue a revisar la exuberancia desu trabajo del día anterior. Pero todo lo que vio fue una enorme variedad de tonos grises y negros. Los gritos que lanzó y las maldiciones que salieron de su boca eran casi tan poéticas como las divagaciones del Mago cuando se encontraba ebrio:

“A quien carajo se le vino este temblor a la mente
quién fue el que vino a ponerle sombra a esta mañana”

El Mago despertó con las imprecaciones. Y, de a poco, fue incorporándose hasta quedar completamente de pie. La resaca del pipeño había sido brava, la cabeza le daba vueltas y si bien el sol matinal no era demasiado, parecia que le iba a arrancar los ojos de sus cuencas. Al localizar al culpable de tal agravio, el Artesano de los Jardines, muy enojado por la impertinencia del Mago Loco, le recriminó:
- Mira lo que has hecho ¿De qué le sirve a las flores tu locura, acaso llegarán más pájaros o insectos a disfrutar de ellas? ¿para qué sirve un girasol negro?
A lo que el Mago respondió:
- Las cosas no tienen porque servir para algo. ¿O crees que la nube viene a llover cuando a ti te sirve? Si así fuese no existirían las sequías, no te parece.
- Claro, para ti todo es fácil, todo es un juego, todo es una locura. Nunca te has puesto a pensar porque las cosas son los que son. -respondió colérico el Artesano. Pues bien, eso se acabó. Desde ahora conocerás lo que es la RAZÓN y le buscarás respuesta a cuanta pregunta te hagas. Ahí te quiero ver, cuando te encuentres con preguntas a las que no puedas dar respuesta, cuando muchas veces la palabras te ahoguen o, simplemente te falten para estar seguro de algo. De que te servirá tu magia? Te llenarás de conjuros y tendrás que escribir libros para no olvidar los enigmas que hallas descifrado y que ni tú mismo comprenderás. Por que la memoria se te llenará de lagunas y en las lagunas vivirán miles de recuerdos que nadarán como peces en el mar. Ahora, ándate mejor.

El Mago Loco salió caminado del jardín. En ese momento no tenía ganas de pensar en nada. Sólo quería un lugar para descansar y reponer el cuerpo. Por supuesto, no tenía la más mínima intención de interpretar lo que el Artesano de los Jardines le señaló. - Pura palabrería, se dijo. Tampoco recordaba que entre sus ropas había guardado el Clavel Negro, ni menos podía suponer el alcance que tendrían sus acciones de esa noche. Muchas cosas habían pasado. Algunas puertas habían sido abiertas inconscientemente y no siempre llevaban a lugares que se quieren visitar y a veces, también, dejan pasar a quienes no queremos invitar. Después de todo, las cosas van y vienen y nuestros escenarios no son sino teatrillos donde otras fuerzas juegan y juzgan. Algo había cambiado, imperceptiblemente todavía, pero más temprano que tarde la magia y las emociones del Mago Loco tendrían que aparecer por escena.

Derechito Contra el Fascismo. Año 9 n°3

por Pol_Vareda @ 08/08/2007 - 16:24:57

La ciudad sigue su curso y los días también. Las mañanas despiertan con frío en el invierno, han vuelto las escarchas sobre las pozas de agua y un manto blanco nos envejece la temperatura de la temporada otoño invierno y nos congela las manos, la cara y la punta de la nariz. LA micro se demora, va llena, se usa de una manera distinta. Cambiamos los recorridos y los paraderos. TRANSANTIAGO LE LLAMARON.
Hicieron sonar las fanfarrias de los fanfarrones, armaron fiesta, pusieron en la parrilla los goles de Zamorano… y quedó la cagá que todos conocemos: Faltaron las micros, los GPS, las calles y sobraron los pasajeros… en consecuencia: malo el diseño y mala la implementación… y no fue cuestión de plata, fue cuestión de que no se hizo bien, de que se hizo muy a la chilena y los únicos perjudicados fuimos los que tomamos la micro y tomamos el metro. Y putas que es estoico el chileno y, sobretodo el de Santiago: aguanta que lo traten como sardina en el metro, que le corten el gas, que suban la parafina, el pan, las verduras, que lo atiendan mal en el consultorio,que lo tramiten en las municipalidades, que le chupen hasta el último peso en las cuentas del agua, la luz, el teléfono, otra vez el gas. Y el gobierno de los ciudadanos se parece cada día un poco más a la escenografía de HÉROES, pero no la de Ojigins, ni la de Carrera, sino la gringa, donde hay que tener poderes especiales para sobrevivir. Hay que tener el poder de hacer llover para tener un MEDIOAMBIENTE MÁS LIMPIO. El poder de expandir el bolsillo, o como Martín de Porres, el poder de multiplica la mercadería desde la bolsa plástica del supermercado. Pero OJO, algunos se inventan ese poder, pero en verdad son mecheros. Otros se inventan lo de agrandar el bolsillo, pero en realidad son lanzas o domésticos que se andan salvando. Otros creen tener el poder de alterar la realidad, pero sólo son zombis o gárgolas consumidas por la pasta. Otros creen que tienen el poder de cambiarlo todo por la fuerza y la convicción clarividente de su pensamiento y no pasan de ser locos que están terriblemente duros con la merca.

Los verdaderos héroes paran la olla con dificultad todos los días. Se van temprano a sus trabajos y sus hijos van a esas escuelas que los formatean con este estoicismo, o mejor dicho, con esta resignación que nos hace bolsa y nos amarga la vida. Total, pa’ andar en metro llevo mi pendrive y bailo por dentro en mi ¼ de metro cuadrado.

HAY QUE DESPERTAR CIUDADANOS, ser rebeldes, QUE NELSON ACOSTA NO SEA DESIGNADO DIRECTOR DE CHILEDEPORTES, ni lo pongan a cargo del transantiago. Y como dice un amigo, que los futbolistas ganen lo que cualquier obrero, o como máximo, que tengan una escala de remuneraciones como en el sector público. Si el fútbol es de todos los que nos gusta el deporte y no de los empresarios de la compra-venta y la farándula.
Cuidemos lo que tenemos. No botemos basura en la calle. RECICLEMOS, ayudemos a los cartoneros a vivir mejor, a hacer más digna su labor. Separemos los residuos. LA BASURA MENTAL QUE SE VAYA A LA MIERDA. Que el calentamiento global se produzca porque estamos todos con ganas de tener buen sexo y no porque contribuimos a matar nuestra atmósfera, nuestro mar, nuestra tierra.
HAY QUE VOLVER A SER RAZA REBELDE, raza indomable, que sabe decir NO y pararse frente al que abusa y explota. Hay que cambiar eso de “por la razón o la fuerza” que el fascismo nos ha impuesto en 200 años de dominación y patriotismo nacionalista. Dejemos volar al cóndor y liberemos al huemul. Que nuestro slogan sea la libertad y la rebeldía. Que la historia la escriba el pueblo, desde el pueblo, para el pueblo, con el pueblo, entre el pueblo y con amplia convocatoria. Y una vez que eso ocurra… después cachamos.

TODAS LAS PLAYAS DEL PLANETA (2º parte)

por Pol_Vareda @ 23/07/2007 - 10:54:23

... Dicen que el aire marino es capaz de recargar las baterías de cualquier veraneante. Incluso es capaz de transformar la ciudad en lugar de veraneo. La comodidad del equipamiento inmobiliario deja fuera la intemperie, intemperie que es el lugar donde habita el riesgo y sus pequeños demonios. “Un niño muerto golpea a mi puerta… has que parezca como si hubiese sido un accidente” sin necesidad de renunciar a ser catalogado como “buena gente”, “dentro de lo que permite su religión, ah y su falso plan de salud”

Así, ya nadie puede quejarse de la vida. El turismo se vuelve urbano, un plan de transporte, una repetición de frecuencias que puede escucharse o viajarse una y otra vez, dejando en el recuerdo esa sensación deja vouz que algo incomoda, aunque no tanto.

De vez en cuando el recuerdo de la playa nos refresca, reanima, y esto es necesario, pues no hay ser urbano capaz de exorcizar el avance de la pavimentación. Los paisajes de la ciudad son tan parecidos, tan homologados a lo sistémico. El recuerdo de la Playa, en cambio, tiene eso otro que deconstruye, que disuelve el pavimento y lo transforma en fogata junto al mar, donde la pilsener es el combustible de la conversación y de las historias que se cuentan, donde los fantasmas vuelven a aparecer sin temor a ser atropellados por la razón comercial o el cine hollywoodense. El recuerdo de la playa es algo así como el espacio del bar que nos señala Enrique Simms, ese lugar salvaje que nos refugia del dominio del mercado y el formalismo de la ciudad. Es una propuesta de rebeldía, una invitación a la liberación, al rocanroll. También es una convocatoria para cuidar los oasis, porque las playas también se contaminan, al igual que los sueños o la vida misma. Le cabe a cada uno hacerse cargo de los residuos que genera y de cuidar las señaléticas para que otros puedan acceder a estos lugares privilegiados: la isla Tortuga, Pelotillehue, el Jardín de la Magia y la Lokura, entre otros.

Los mares se encuentran contaminados, también lo están las calles, los sitios urbanos, los espacios públicos de las ciudades, los canales de comunicación, el lenguaje, la ética, la moral, la conciencia, incluso, la memoria. Ahora bien, esto no significa que no tengamos paisajes que proteger. En medio de la urbe aún tenemos Parque O´higgins, como señala Mauricio, tal como tenemos bares o el banco de cualquier plaza para estirar los huesos y destapar la botella que diluirá el hastío y nos acercará a nuestra patria marina. Porque se puede hacer patria en el mar. Sí, se puede. Sólo hay que animarse.

Todas las Playas del Planeta (parte 1)

por Pol_Vareda @ 13/07/2007 - 15:00:04

Comentario desde una orilla respecto de la contaminación de los mares y al Libro de Mauricio Torres Paredes del mismo nombre.

El paseo por la orilla de cualquier playa nos remite, casi instantáneamente, a un espacio inmenso, a un lugar donde la frontera aparece en el horizonte y donde las huellas en la arena son marcas delebles que le viento y las aguas se encargan de desaparecer.

Esa sensación de inmensidad puede, en algunas ocasiones, desencadenar variadas impresiones. En lo personal me acarrea sentimientos marineros de aventura, curiosidad por explorar aquellos límites que se interponen entre mi ansia y la distancia que se proyecta ante mis sentidos, deseos de traspasar la intemperie marina con la finalidad de internarse en la incertidumbre. Habitualmente es el mismo sonido de la playa, de las olas que revientan en la orilla, el que me despierta de mi ensueño, casi siempre un poco mareado por el vértigo de tal proyección.

Sin embargo, así como el mar nos transporta y nos proyecta, también nos aleja y nos consume. Nos nihilisa. Nos convierte en parte de su tonada globalizante, la que es capaz de transformar al individuo en una infinitesimal parte de su todo, tal como ha hecho con todas las montañas que ha transformado en arena de su orilla y de su fondo. Es tarde ya, cuando nos damos cuenta que la calidez de su arena no es más que una trampa movediza que juega a diluirnos la identidad. Buscamos, entonces, en medio del océano, la tabla de salvamento que nos rescate del ahogamiento y al aferrarnos a ella llegamos a convertirnos en náufragos, solitarios a la deriva, zarrapastrosos de miradas extraviadas e inquisidoras, llevados por la corriente hasta nuevas orillas, hacia otras playas.

El mundo está lleno de playas. Y en definitiva, es posible llegar a ellas de diferentes formas. Pero sólo después de conocer la posición de naufrago se puede, realmente, llegar a ser un explorador. Por que en estricto rigor quien no arriesga en el viaje no puede llamarse sino turista.

Ya en el prologo del libro TODAS LAS PLAYAS DEL PLANETA, Mauricio Torres nos dispone a desencadenar el naufragio. Para ello involucra la complicidad de Chesterton. “Ningún hombre se vio nacer” declara, “lo único que un hombre no puede explorar, por aventurero que sea, es su propia existencia, lo único que un hombre no puede llegar nunca a conocer, por sabio que sea, es su propio nombre. Es más fácil comprender el ego; es más fácil, incluso, saber donde está uno que saber quien es uno”

Lo anterior es una clara invitación a pasar por la aduana, para declarar lo esencial del viaje; y es que para comenzar a conocerse hay que comenzar a desmaquillar el ego, para lanzarse más allá del inicio inconciente de nuestra travesía. Esto es complejo, muy difícil de mensurar, es por ello que Valery le escuda, diciendo “Lo más profundo del hombre es su piel”, pues quizás hay viajes tan absurdos, que tal vez no valga la pena realizarlos. Y sólo digo tal vez, pues toda la escenografía nos devuelve el reflejo de nuestra mirada. Porque tanto el absurdo como el riesgo parecen estar en el cotidiano de quien se anima a verlos. Vivir es aceptar el desafío de las olas, es reconocer que algo se apuesta en ello, es el ser o no ser de Shakespeare, el ser y la nada de Sastre. Después de todo o nada, no se corta una rosa sin perturbar a una estrella.

Una vez que se ha pasado por la aduana, con una actitud de regocijo, más placentera, el viaje puede no resultar tan agotador ni tortuoso. Es bien sabido que el mar es mayormente visitado en verano, como una estación de descanso. Salvo contadas excepciones nadie va a una playa para ahogarse en ella. Lo usual es ir jugar, a cultivar el ego, a ocultar el cuerpo con traje de baño, a buscar romance, a pedir aplausos, hasta que los veraneantes adquieren nuevos y peores hábitos, según nos aclara Mauricio. Un ego bronceado puede ser tanto o más insoportable que un ego farandulerizado. Aún más, el fortalecimiento del ego puede ser tal, que el conjunto de veraneantes, tanto hombres como mujeres, pueden declararse vencedores sobre el espacio que les rodea, auque no logren percibir la orfandad y la esclavitud que el tiempo les impone. Y así, cuando el pequeño espacio de la costa marina ha sido depredado, es hora de volver a la ciudad, al adulador sonido de la publicidad y al asfixiante océano mecánico que lo constituye.


 
 
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