Salida de Shopping (parte 2)
Hacía rato que el calor nos llevaba chatos. Esto motivó que la conversación tuviese un cambio radical. En medio de un análisis de la situación nos dimos cuenta de que siempre era la misma cuestión. Para comprar marihuana había que caminar cuadras y cuadras desde que se funó la movida donde la Silvia. Lo mismo ocurría cuando era muy de noche y se acababa el tinto, otra vez a caminar. Y que decir de los carretes que quedan fuera de la pobla: Ir en micro se hace terrible complicado para la vuelta. En taxi no se hace porque es muy caro y nadie tiene un auto para andar acarreando la tropa.
- Esto de no tener plata.- dije.
- Y pa’ qué querís plata, si ese es el problema.- me dijo Brandon.
- ¿Cómo? El problema es que la plata la tienen unos pocos, pero no vamos a decir que no saca de apuros.- dije.- Pero ¿quién tiene la plata? ¡La tienen los güeones que la inventaron! los que siempre han tenido de sobra. Claro que antes tenían tierras y animales de sobra. Ahora tienen tierras, animales y plata. Si la plata la inventaron estos güeones pa’ terminar de quitarles lo poco o nada que tienen los pobres.
- Cha, como tanto compadre.- dije, medio aturdido con tanta dialéctica.
- Si es cierto po’s loco. Si los locos ahora hasta te venden la plata, pero te la venden más cara de lo que vale, o no veí’ cuanta gente está encalillá’ en las financieras.
- Si, ah. Es la dura no más, parece.
- Y más encima, cuando te ven con la soga al cuello, los caradura te dan crédito.- me dijo con un gesto grandilocuente.
- La media onda.- le decía yo, un poco incómodo por la vehemencia de sus palabras y por la sed que me partía la garganta.
- Te dai’ cuenta. Si el problema no es que no tengamos plata. El verdadero problema es que la plata existe, que está en la cabeza de las personas, que la gente hasta sueña qué es lo que haría si tuviese plata. O dime que tú nunca has pensado en que haríai si te ganarai el Kino solito.
- Sííí, yo me iría a vivir al sur.- le dije, por decir algo, a lo que el flaco me respondió con una mirada que traducida al español me decía “de qué me estai hablando”.
- Claro. Otra gente dice que arreglaría su casa y le daría plata a toda su familia para que a ninguno le falte. Esos locos quieren tener plata, pero tienen sus valores familiares. Otra gente que conozco gastaría la mitad de la plata del premio en arreglar los peladeros y basurales de la población pa’ transformarlos en placitas donde jueguen los niños y fumen pitos los volaos.
- Que no es mala idea.- dije.- Esos locos quieren tener plata, pero tienen su conciencia social también. Pero también están los otros, los canallas, los que de explotados se transforman al tiro en explotadores. Los que se ganan el premio y depositan al tiro la mitad en el banco pa’ que gane intereses a noventa días y, con la otra mitad, pone un tremendo minimarket en la pobla. Según él, así genera empleo pa’ los cabros, claro que paga el mínimo. Más encima compra cuando le llevan un video, una tele o alguna cosita pal menudeo. Y no sé si hay otro tipo de “afortunados ganadores”. Pero al final compadre, al final a todos les comienza a carcomer el mismo bicho, todos quieren tener más plata. Al tiempo ya se han olvidado de los valores familiares y la conciencia social. Se terminan aburriendo de que todos los días lleguen los primos, los tíos, los tatarasobrinos en cuarto grado, mientras el árbol genealógico se degenera y redegenera con cada nueva aparición. O se aburren de que cuando van a sus plazas no encuentran una banquita desocupada y de que los juegos infantiles duran hasta que los niños los ocuparon durante una semana y que, más encima, nadie los saluda cuando salen a pasear con sus niños, más que los pasturria de la esquina, que de paso siempre le sacan su moneda del bolsillo. Y no es que le metan la mano ellos mismos, pero como apelan a que él fue el suertudo que se ganó el Kino solito ¡Cómo no le va a sobrar una monedita! Ahí es cuando el loco se da cuenta de que la pobla ya no es ese sitio agradable donde él había nacido y decide mudarse para vivir en una villa donde las casas no sean pareadas y que los vecinos saluden con una sonrisa en el rostro, pero que no se metan más que en sus propios asuntos.Si, hermano.- me dijo Brandon, en tono de síntesis. El problema es que en la mente de las personas no hay, como antes, preocupación por el sexo, o por cuidar un huerto. La gente tiene tatuado en su cerebro el signo peso.
- En realidad, antes estaba ese tatuaje en las micros en que aparecía un viejo pelao y de barba que tenía una mina en pelotas en la cabeza.- le dije.- ‘Que hay en la mente del hombre’ parece que decía.
A la altura de las plazas y el minimarket, yo ya no estaba poniendo la más mínima atención a lo que decía el flaco. Más bien iba pensando en que a la vuelta de la esquina estaba la feria y que el mote con huesillos se aproximaba a cada paso un poco más. Esta sola idea refrescó mi garganta por un rato y me dio la energía necesaria para apurar el paso y llegar lo más pronto posible. - Su majestad, sírvame dos vasos gigantes y heladitos, plis.- le dije a don Juanito, miembro perpetuo de la realeza del mote con huesillos, a lo que me respondió con su voz de tarro con piedras (o con cuescos de huesillos)- Ya voy ya.
El mote con huesillos duró menos que aguinaldo de jubilado. Pero había cumplido con su función y la sed ahora se convertía en un recuerdo paliducho. Lo que no se nos había olvidado era que íbamos a comprar marihuana. Así que nos pusimos en marcha por en medio de la feria.
