Salida de Shopping (parte 4)
Brandon y yo nos quedamos pasmados, ambos de una sola pieza, sin saber que hacer, sin saber que decir, contemplando aquella figura vaporosa que se consolidaba poco a poco frente a nuestros ojos.
- Estás en San Ramón... Santiago... Chile... Planeta tierra... y ¿tú eres...?
- Soy Abdul Rajha Shik Amann Seridum, genio de esta lámpara. Ustedes me han liberado.- dijo. La verdad es que he esperado tanto tiempo que alguien me saque de aquí, que en realidad más que agradecido estoy terriblemente furioso, así que lo mejor será que los dejé ahí mismo donde están convertidos en piedras y me vaya a unas merecidas vacaciones.
El Genio se encontraba preparando su conjuro cuando comprendí que al parecer no se trataba de un sueño. En un segundo recordé todo lo que había hecho durante el día, lo que es muy poco habitual lograr cuando me encuentro soñando, así que si había que tener una reacción tenía que ser ahora o no ser.
- Oye, oye. Espera, espera, espera.- fueron mis no muy inteligentes, rápidas y nerviosas palabras. ¡¿Así nos vas a pagar por haberte liberado?! ¡Qué mal agradecido eres!
- Si me hubiesen liberado hace dos mil años los hubiese premiado abundantemente. Me hubiese convertido en esclavo para servirles durante toda la vida. Pero hoy, ya es demasiado tarde.
- Pero, ¡dos mil años es mucho tiempo! No sabes como han cambiado las cosas durante estos últimos dos mil años.- Dijo Brandon.
- ¡Ya vamos a seguir con la clase de historia!- le dije. ¿No sería mejor tratar de engrupir al genio para que no nos fune la existencia?
- Me había olvidado que ustedes los mortales tienen una vida mucho más corta que la de los genios. Pero aún así, no puedo darme el lujo de dejar mi ira sin venganza. Quizás si me hubieras liberado hace mil años te hubiese concedido tres deseos, pero hoy, sólo la venganza me redime.
- Pero nosotros no fuimos los que te encerramos
- Pero fueron mortales como tú quienes se burlaron de mí y me encerraron en aquella lámpara. Así que ya basta, acepten con dignidad su castigo ya que con ello salvarán a todos los de su especie, pues consolaré mi furia sólo con vuestro padecimiento y no con el de toda la humanidad. Después de ello me iré, regresaré a la dimensión de la magia a la que pertenezco y nunca volveré a poner un pie en este mundo de hombres y sus fechorías.
- Pero, ¿no te parece injusto? Yo no quiero cargar con una culpa que no me pertenece, ni siquiera si fuese para salvar a toda la humanidad.- dijo Brandon.
- Yo tampoco.- añadí.
- Porque mejor no llevar a cabo tu venganza contra todos los hombres si es con todos ellos tu resentimiento.
- Sí, convierte a todos los otros en piedras y.....- un codazo de Brandon me hizo sentir que el comentario había sido bastante estúpido, lo suficiente para que me quedase callado, así que me callé.
- En que estás pensando mortal. ¿Es que para salvarte entregarías a toda tu especie?
- Depende desde donde lo mires genio.
- Y que pretendes. ¡Habla!
- Concédeme un deseo, sólo un deseo y te lo explicaré.
El Genio pareció dudar durante un instante. Al parecer, dos mil años de cautiverio dentro de una estrecha lámpara es suficiente tiempo como para que hasta el genio más simpático se ponga desconfiado.
- Era eso. Ya se ve que eres bastante inteligente. Creíste que un deseo antes de morir te podía salvar de mi venganza. Pues no te equivoques, no hay salida para ti.
- Es una lastima, porque tú no sabes lo que yo sé.
- Y que puede saber una criatura tan insignificante como tú.
- Puede ser que tu tengas más de dos mil años, pero no has vivido los últimos veinte. Es por eso que no sabes que es lo que más le duele a los hombres. No sabes como es la vida hoy en día.
- No te preocupes, conozco muchas técnicas para producir dolor. Si lo deseara, tú serías el primero en comprobarlo.- dijo el genio.
- Sí, se ve que tienes el poder de hacerlo, que tienes fuerza y hasta poderes mágicos, me imagino que si puedes convertirnos en estatuas de sal a nosotros puedes hacer algo un poco más complicado.
- Si quisiera podría convertir a todos los hombres en estatuas de sal.- replicó el genio
- Pero eso no sería muy inteligente. ¿Quién quedaría como testigo de tu poder? No habría nadie para testificar tu grandeza, genio. Si yo fuese tú, haría algo que alterase la vida de los hombres sin que ellos se dieran cuenta. Destruiría su cotidiano. Los hombres son animales de costumbres, construyen enormes estructuras en las cuales se cobijan para darle sentido a sus existencias. Altera aquello en su punto más sensible y tendrás todos los días del resto del mundo para reírte de aquellos que una vez se burlaron de ti.
- Y supongo que Ustedes me dirían cómo hacerlo. Pero ¿que ganarían ustedes?
- Nada genio. Sólo tienes que convertirnos en reyes del mundo y ya verás como nos desquitamos por tí.-Dije sin pensar demasiado.
- Nada de eso genio. No le hagas caso a este bruto.- dijo Brandon, y luego añadió.en voz baja -mejor déjame hablar a mí agüeonado- Nosotros quedaremos contentos con que nos dejes seguir viviendo. La vida de los hombres es corta, no queremos que se acorte más de la cuenta. Eso es todo.
- Está bien, te escucho, pero se breve.
