Salida de Shopping (parte final)

En realidad la conversación no fue tan breve. Luego de una pequeña lección de economía que al parecer mi compadre había leído de la Marta Hoernecker, el Genio comenzó a sentirse un poco más interesado. En algunos momentos abría los ojos casi hasta salirse de sus órbitas. Al parecer su imaginación era estrecha en relación a comprender todos los cambios que la sociedad moderna había incorporado a las relaciones de los hombres con el mundo, inclusive con el mundo de la magia. En otros momentos, el genio lanzaba sonoras carcajadas que nos hacían sentir más pequeños aún, pues su risa era tan estruendosa que no entiendo como los vecinos no salían a la calle para ver que sucedía. En algún momento, el genio comenzó a asentir con la cabeza, como encontrándole la razón a mi compandre. Yo, en ese momento comencé a respirar aliviado, deje de sudar como condenado a muerte y hasta empecé a sonreír. Pensaba en las riquezas que mi socio iba a lograr y que, por supuesto, algo me tocaría por compartir la aventura. Mínimo una moto, comencé a ensoñar, una enduro para salir a correr por los cerros del cajón del maipo. - Huy, si no es malo-, pensé, sacando cuentas alegres.

De repente, el genio hizo unos gestos un tanto extraños. Yo los encontré medio amariconados, con tanta parafernalia y movimientos de brazos al cielo, parecía una bailarina de toples, o de esas odaliscas árabes. Cuando terminó, dio una tremenda risotada y dijo.

- Ya está hecho. Se va a demorar un poquito, pero ya está hecho.
- Espero que con eso alcance para tu venganza, genio.
- Ja, ja, ¿la mía o la tuya? Mortal.
- A lo mejor alcanza para los dos
- Bueno, Salvaste tu vida y la de tu amigo. Después de todo lo que me contaste creo que me quedaré un poco más por estos lados de la realidad. Quiero reírme un poco más de estos ingenuos mortales. Quizás nos volvamos a ver, aunque no creo que eso sea muy bueno para ustedes.
- Ya lo veremos genio, dijo Brandon.
- Si, manda fruta. Dije yo.

Al irse el genio pude darme cuenta de que reía con muchas ganas, parecía como si fuese agarrándose la guata de tanto reírse, pero no pude entender que era lo que tanta risa le causaba hasta que el Brandón me contó lo que le había pedido al genio.

- Pero como se te ocurrió pedirle eso- dije algo molesto- Podías haberle dicho que nosostros nos encargaríamos de su venganza. Que nos diera poder, que nos hiciera alcalde, o nos hiciera multimillonarios, o que nos diera algún superpoder como el toque de Midas, por ejemplo.
- Déjate de hablar tonteras. El genio nos quería con papas fritas ¿no te diste cuenta?
- Si pero teníamos controlada la situación
- claro, como cuando le pediste que te convirtiera en rey
- claro, ese es un buen ejemplo.
- si, seguro, mejor vamos a la movida. ¿Falta mucho pa’ llegar?.
- No, ya estamos cerca.

La conversación siguió todo el camino. Que la culpa fue tuya, que yo habría hecho esto otro. Pero lo hecho está hecho, no hay vuelta que darle. Además, una hora más tarde no sabemos si lo que había pasado era producto de la imaginación, de intoxicación con huesillos alucinógenos o de una insolación mal tratada. De algo estamos seguros, nadie nos va a creer lo que nos ha pasado. Nosotros mismos no le damos mucho crédito a lo sucedido. Y a esas alturas, con todo el THC que llevamos en la sangre, somos más candidatos a la hospitalización psiquiátrica que a la credibilidad pública. Pero no importa, ¿que daño puede hacer que le hallamos pedido al genio que le borrara a todo el mundo de la memoria lo que significa el dinero? Es casi un chiste. No alcanza ni siquiera para una buena historia de carrete. Esas cosas no se le olvidan a la gente. Sobretodo si el mundo entero vive pendiente de él. De si me compro esto, de si me alcanza para pagar las deudas, de las inversiones en la bolsa, de cual será el mejor negocio para este año. Si uno lo piensa bien es hasta chistoso, algo demente. Así que seguimos caminado rumbo a la picá. Esta vez sin pacos, porque esta es la hora en que los perlas duermen la siesta. La puerta la abrió la mismísima Soa Julia, la que nos hizo pasar con su habitual cara de charchazo.

- Tengo pasturri, merca, prensao y unos cogollos sin semillas que me llegaron hace poco.
- Tiene verde, que buena- dijo el flaco
- buena, perece que vamos a connotar con los verdecillos. Yo creo que con diez lucas de verde estamos bien cada uno.
- Tenís razón. ¿Tiene que nos convide o que nos venda unos papelillos, agüeli.?
- Como que diez lucas cada uno, dijo la doña.
- Ah! Perdone mamita, no sabía que estaba vendiendo caletas más grandes.- dije
- Nos llevamos una de veinte no más entonces. Dijo Brandon
- Cierto, por todo lo que hemos caminado igual vale la pena.

Todo parecía normal, excepto que la doña nos seguía mirando con cara de pregunta y cada vez más colorada, como si toda la sangre se le fuera a la cabeza. Eso no se veía nada de bien, pero nosotros no entendimos nada.

- Me quieren agarrar pal güeveo, cabros de mierda. Que no saben quien soy.
- Pero claro que sabemos pos mamita, si usted me conoce de chiquitito.- le dije.
- Claro que te conozco pos mocoso. Por lo mismo, deja de hacerte el vivo y veamos que trajiste.
- Traje plata pos mamita.- Entonces le muestro los billetes que habíamos juntado con los cabros. La vieja los agarra y los mira sin entender nada.
- Y que querís que haga yo con estos papeles, ah?, que me abanique? Entonces me tira los papeles por la cara. El flaco ya estaba buscando la puerta más cercana para salir arrancando cuando, de repente…

- Mira como te hacis el leso. Está bien bonito tu reloj. Y tú flaco, me gustó el cinturón que andai trayendo. La pulsera también se ve bien buena, agréguenle las zapatillas y estamos listos
- Pero mamita, nos va a mandar a pata pelá, ¡con este tremendo sol!.- le dije.
- Como se te ocurre oye, te voy a pasar unas jawallanas pa’ ti y pa’ tu amigo. Ya, y les voy a dar un paquete de smoking.

Al salir de la casa el ambiente era mucho más amistoso. Al parecer todo ha sido un malentendido. Después de fumarnos el correspondiente suto con los hijos de la doña nos vamos a preparar para el carrete nocturno, después de todo lo caminado la transpiración estaba dejando sus huellas en el ambiente. Nos invitan a volver pronto y que para la próxima llevemos unas zapatillas número 43. Ya en la calle, de nuevo nos recordamos del genio de la lámpara. El episodio estaba cada vez más nebuloso, producto de los cogollos o de la mala memoria, que se yo a estas alturas. No obstante, igual volvió a la conversación

- Ya, confiesa.- Le dije al flaco
- Que onda.
- Tuviste que chuplicar, cierto.
- ja, ja, ja. Putas que sos mal hablado. Te salvo de un genio loco y me salís con esa.
- Ya pos loco, dime la dura, cual fue el arreglo. Nos vamos a ir a medias supongo.
- Pero si no hay nada que repartir. Yo me acuerdo que le pedí algo, pero ya no cacho.
- Te estai puro salvando flaco.
- No pasa na’ loco. Igual a ti te pasó la mansa tallita con la jaiva.- dijo el flaco.
- Igual, que brígido. Yo pensé que a la vieja se le había corrido una teja.
- Es que hay que ser muy longi pa’ tranzar con esos papeles, como dijiste que se llamaban.
- Los papeles… smoking.
- No, güeón. Los papeles verdes que le estabai pasando.
- En realidad güeon, no cacho. La estaba puro cagando. Ni se porque se me ocurrió la güevá.
- Bueno, lo importante es que nos vamos con la misión cumplida.
- Si po’. Misión cumplida, brother.

***